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Como anticipamos en el último post, continuamos con las 4 tendencias que completan las tendencias de consumo claves en 2013, según el informe de la firma Trendwatching.

6. Revalorizado

Gracias al desarrollo de plataformas P2P en Internet, podemos conseguir unir a la gente que quiere algo con la que tiene algo…que vender, alquilar o compartir.

Algo que empezó con la música allá por el final de la década de los 90 del siglo pasado, hoy se aplica a multitud de cosas: desde el alquiler de «lavadoras de proximidad» a vehículos (Citroen ha creado un plataforma que pueden utilizar sus propietarios para alquilar sus propios vehículos desde 20 €) hasta el alquiler de propiedades o habitaciones (en la conocida Airbnb se han reservado, desde su fundación en junio de 2008, ¡más de 10 millones de noches! Por cierto, que la simplicidad de su web, tipo Google, es alucinante)

Esta tendencia permite aprovecharse, sin intermediarios, del valor, muchas veces oculto o al menos no visible para terceros, de lo que uno posee, ya sean coches, pisos, habitaciones o lavadoras.

O de lo que se sabe: por ejemplo chefs amateurs que se ofrecen para cenas particulares.

O del tiempo del que se dispone: hay plataformas que unen a demandantes de servicios puntuales (limpieza, pintar una habitación, asistencia informática) con gente que tiene el tiempo y las habilidades necesarias y que desea obtener unos ingresos adicionales.

Lógicamente, un aspecto clave en estas plataformas es la reputación de cada participante: la confianza es la brillante moneda de cambio en esta nueva economía colaborativa, que va a facilitar o no las posibles transacciones que se realicen en esas plataformas.

Aparece, por tanto, una nueva forma de estatus: además del más rico o el más influyente, estará el más fiable.

 

7. Conformado con datos

No es ningún secreto que, diariamente, cada uno de nosotros, generamos enormes cantidades de datos en nuestras transacciones comerciales, en el uso de nuestros móviles o de nuestros exploradores en el ordenador, tablet, etc.

Estos datos, dejando aparte el tema de la confidencialidad (que puede tener sus implicaciones negativas cuando se haga un mal uso de ellos), suponen la posibilidad de una verdadera individualización del consumo, de crear completamente nuevas experiencias de consumo.

Y siendo conocedores de esto, los consumidores no van a tardar en demandar productos, servicios y comunicaciones mucho más precisas y adaptadas a sus intereses personales.

La información en tiempo real, relevante, oportuna, sencilla y útil ya no tendrá que buscarla el consumidor, sino que vendrá a él de forma natural.

Un ejemplo: la aplicación gratuita Saga estudia los patrones de comportamiento del usuario a través de su smartphone: qué lugares visita, cuándo, durante cuánto tiempo…sin que el usuario tenga que hacer nada.

De esa forma, aprendiendo de su patrón de actividad, le va a hacer recomendaciones de lugares que puede probar a visitar. En realidad, es algo similar a lo que hace Amazon con los libros, pero aplicado a otro entorno, esta vez en el espacio físico.

Se me ocurre que el siguiente paso de Siri, el asistente personal de los iPhone 4S y 5, puede ser que archive (si es que no lo hace ya) las preguntas que le hacemos, para que detecte qué es lo que más nos interesa y así, cada cierto tiempo, nos haga sugerencias relacionadas con esos intereses.

8.  En el ambiente

Estaremos muy pronto, si no lo estamos ya, conectados en todos los sitios. Disfrutaremos de una nube de información que nos envolverá, como el oxígeno. No nos podrá faltar porque si no asfixiados, nos sentiremos muy disminuidos. Estar online pasa a ser lo normal, no la situación especial como era hasta hace nada.

Definitivamente se consolida la importancia de las tecnologías digitales, no solo en el día a día de la gente, sino en el minuto-a minuto. Afecta prácticamente a todo el mundo sin excepciones; a diferencia de anteriores revoluciones tecnológicas (máquina de vapor, electricidad, ordenadores…) que se fueron imponiendo a partir de ciertas industrias o segmentos de población.

Por ello, los cambios que podemos esperar (y las consiguientes oportunidades) no serán menos que masivos.

La integración de lo digital y lo físico está reconfigurando los hogares y, en general, todo tipo de construcciones: tenemos una red global de objetos conectados en casa, en el trabajo, en el coche…

Gracias al desarrollo de los sensores se crean objetos inteligentes que mejoran y facilitan nuestra vida: sensores para plantas que nos indican, vía wifi, si las plantas tiene la humedad, la temperatura, la luz o la tierra adecuadas.

O jarras de leche que nos envían mensajes SMS si queda poca y que mediante un código de luces de colores en la propia jarra nos avisa si se está agriando (un sensor mide el pH de la leche y una LED verde pasa a color naranja si ocurre)

Veremos proliferar las tiendas virtuales, que mediante códigos QR permitirán hacer la compra, pagarla y acordar el envío a casa. Esto permitirá tener tiendas en los sitios más insospechados, pero más convenientes para el consumidor: como Homeplus en el metro de Seul o Peapod en las estaciones de tren concurridas de grandes ciudades.

También en los establecimientos comerciales tradicionales veremos desarrollarse otras tecnologías como NFC (Near Field Communications),  realidad aumentada o pantallas táctiles, todas ellas encaminadas a aportarnos más información y crear experiencias de compra más completas y más agradables.

Por cierto, que esa conexión permanente que hemos mencionado al inicio de esta tendencia facilita una compra o disposición para la compra permanente…con lo que ello significa: sí, acertaste, más consumo.

9. Futuro urbano

La ciudad se está convirtiendo en el centro de la sociedad: en 1970 solo había 2 megaciudades con más de 10 millones de habitantes (Nueva York y Tokio). En 2011 había 23 y en 2025 se estima que serán 37.

En 2025 las 600 ciudades con más PIB del mundo van a ser las responsables del 65% del crecimiento de la economía global. De esas 600 ciudades, 440 pertenecerán a países emergentes.

No hay duda, en la mayoría de los negocios habrá que tener en cuenta el estilo de vida urbano.

¿Y qué caracteriza ese estilo de vida urbano? La abundancia de opciones para elegir, las novedades continuas, unos consumidores más maduros y sofísticados, más exigentes cada vez y más centrados en vivir experiencias (el paso siguiente al buen servicio en la escalera de consumo)

Serán ganadoras todas aquellas opciones que ofrezcan ahorro de espacio, conveniencia, flexibilidad, sostenibilidad, contacto con la naturaleza o conexión constante.

Y, yendo un poco más allá, aquellas soluciones que afronten los principales retos de las grandes urbes: dar vivienda, de comer y transporte a los urbanitas que pueblan esas ciudades cada vez más grandes y con una densidad creciente.

La mini-lavadora de la coreana Daewoo es un excelente ejemplo de aprovechamiento de espacio, ahorro de tiempo, energía y agua. Otro ejemplo de adaptación es el pavimento wifi de la española Vía Inteligente, que ofrece puntos de conexión wifi a los viandantes.

Por cierto, que un amplio abanico de propuestas arriesgadas e innovadoras similares (y algunas muy divertidas;) lo propusimos a la industria del sector cerámico mi colega Toni Sos y un servidor allá por febrero de 2010 en el congreso internacional Qualicer celebrado en Castellón.

Para acabar esta tendencia, es obvio que, en paralelo a las oportunidades para ese modelo de vida urbano, aparece un claro negocio de nicho en el servicio a los consumidores rurales, que siempre habrán.

End

De nuevo, a todos los que habéis llegado hasta aquí, si tenéis alguna responsabilidad en el desarrollo de productos o servicios, en la construcción de marcas, o en el desarrollo de cualquier tipo de innovaciones, os recomendamos que giréis las velas a favor de estos vientos predominantes porque es una clara manera de tener más probabilidades de éxito en vuestros proyectos.

Suerte! De nuevo. Que hace falta.