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Leí hace algún tiempo en un libro de Gary Hamel (El futuro del management) que la ciudad de Nueva York, con sus más de 8 millones de habitantes, cuenta en todo momento con el abastecimiento de alimentos necesario para ¡tres días!

Es decir, se encuentra permanentemente al borde de la hambruna. Pero los neoyorquinos no pasan hambre porque tienen a su favor la altísima eficacia de una gran variedad de mercados (de verduras, de carnes, de lácteos, de bebidas, etc), que responden casi instantáneamente a las demandas de sus supermercados, restaurantes, comerciantes…

Señalaba Hamel que el economista y Premio Nobel Amartya Sen mantiene que ningún país democrático con economía de mercado ha experimentado jamás un periodo de hambruna.

Eficiencia y regulación de mercados

Luego, en una democracia con una economía de mercado madura, estos mercados resultan altamente eficientes y no necesitan ser regulados ya que por definición la regulación disminuye la eficacia en la asignación de los recursos…

¡Claro! Lo recuerdo: esto es lo que nos decían los responsables de los mercados financieros mundiales hasta cuatro horas antes de la quiebra de Lehman Brothers.

Pero, un momento, aquí falta algo: mercados como el de la alimentación no deben ser regulados excepto, como todos sabemos y damos quizá demasiado rápido por hecho en nuestras economías desarrolladas, en cuestiones como la calidad, la salubridad y, desde hace algo menos tiempo, la sostenibilidad.

Y por supuesto son eficientes gracias a su elevada transparencia (información de oferta, precios, demanda) y competencia (existencia de muchos o, al menos suficientes, proveedores)

Todo esto, todos y cada uno de nosotros lo damos por hecho: economistas y no economistas, financieros y no financieros. ¿Qué banquero estaría dispuesto a comprar alimentos en un mercado sin controles de calidad y salubridad? ¿O en el que no hubiera una transparencia y competencia mínimas?

Los mercados financieros son diferentes. ¿Por qué?

Dicho lo anterior, mi pregunta es: ¿por qué no se hace lo mismo en los mercados financieros?

Dejémosles ser eficientes, vale…pero controlando muy seriamente la calidad de sus activos, su salubridad y la sostenibilidad del modelo; facilitando la transparencia (acceso de los participantes a toda la información relevante) y la competencia.

El problema es que esa gran responsabilidad de control se cedió en los años anteriores a la crisis, en favor de una supuesta mayor eficiencia (amigo Alan Greenspan ¡vaya cagada!), a manos privadas (las agencias de rating) que eran parte interesada en el asunto y que optaron por repartir el beneficio entre unos pocos a costa de las pérdidas de la mayoría, originando y agravando el estallido de la espeluznante crisis que nos asola.

El error de bulto de ceder esa responsabilidad a personas interesadas, unido a su codicia abrumadora e incontenible, la falta de transparencia y la ausencia de competencia, cuando no directamente los acuerdos y pactos de espaldas al mercado, eliminaron los controles de calidad, salubridad y sostenibilidad que permiten que un mercado como el de los alimentos sea altamente eficiente.

Eficiencia responsable, por favor

Los entes reguladores siempre deben ser públicos e independientes (o sea, no vinculados a posturas políticas) porque deben responder al interés público, de la mayoría, nunca privados porque en ese caso responderán al interés privado, el de unos pocos. Y con ello no pretendemos en absoluto defender el intervencionismo pero sí la eficiencia…responsable.

 

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Una eficiencia responsable que nos defienda de la peor cara del ser humano. Porque resulta que los mejores – currículums – pueden ser también las peores – personas – , por el daño que consiguen hacer a los demás con su codicia y falta de escrúpulos, como demuestran casos como los de Enron, Arthur Andersen, Lehman Brothers, Goldman Sachs, etc, etc.

Sin embargo, parece que tenemos una memoria frágil acerca de quiénes son responsables de nuestras calamidades porque da la impresión de que los que mandan en los mercados financieros vuelven a poner todo tipo de trabas a que estos sean controlados, sin apenas oposición visible, con el cuento de que dejarían de ser eficientes (eufemismo = no poder forrarse a su aire)

Sé que pedir este control responsable e independiente puede parecer hoy idealista, incluso ingenuo. Pero, ¿realmente es tanto pedir?, ¿tanto nos han embrutecido entre unos y otros?