4 minutos

Lleva ya tiempo de moda decir que el talento de las personas es el elemento nº 1 para que una empresa triunfe. Pero a mi me parece que sobre esto hay demasiada declaración superficial y que muchas veces no se capta el fondo de la cuestión.

 

El talento es lo más importante. O no

Decir que las personas son lo más importante «y ya está» es un peligroso reduccionismo.

Para tener éxito, lo primero es tener una solución que resuelva el problema o frustración de un conjunto de clientes suficientemente numeroso. Un público que es consciente que tiene ese problema,  que tiene dinero para solucionarlo y, además, quiere hacerlo.

Luego, está claro que son las personas las que tienen que poner en marcha, llevar a la práctica, esa solución mediante un modelo de negocio viable, sostenible y escalable, si es posible.

 

Yo digo que sí, pero luego…

Mucha gente afirma que las personas son lo más importante. Pero luego hacen otra cosa.

Lo que se hace no tiene nada que ver con lo que se dice: sueldazos de altos directivos y nóminas corriendo hacia abajo para los trabajadores, privilegios escandalosos para unos y escaseces cada vez más numerosas para otros.

Hablan sin freno de la necesidad de captar talento, pero luego las políticas de recursos humanos de sus compañías tienen poco que ver con ello: fichan a gente barata, mediocre, con poco talento. Y, ya lo dicen los americanos con mucho acierto: si pagas con cacahuetes, tendrás monos (no astronautas).

Una hipocresía muy peligrosa.

 

Talento sin control

Otros sí se preocupan de buscar e incorporar talento en sus empresas, pero luego no lo orientan bien.

¿Qué es el talento? Talento es la habilidad para aprender y hacer determinadas cosas con facilidad. Es decir, uno no tiene talento así, en general, sino que lo tiene para ciertas cosas más que para otras: para la música o la pintura, para el análisis lógico o la programación.

Es necesario captar talento, y ponerlo en el lugar adecuado, porque tener talento lógico-matemático en un lugar que requiera talento social, va a ser seguramente poco productivo. Tener a un excelente y creativo diseñador gráfico como responsable de la calidad de los procesos, posiblemente no sea la mejor forma de aprovechar su verdadero talento.

El talento en bruto sin más, podemos decir que sin organizar, puede ser perfectamente dilapidado y malgastado, como efectivamente muchos, muchísimos trabajadores, pueden corroborar a lo largo de sus carreras profesionales.

 

Cómo gestionar el talento

Lo primero, es ofrecer unas directrices básicas que sean completamente asumidas e interiorizadas por la persona de talento y, luego, concederle mucha libertad de acción.

¿Cuáles son las directrices básicas hoy en el mundo de la empresa?

Los valores o creencias básicas acerca de lo que está bien y aquello que es más importante en el día a día. Lo que se defiende como organización. Aquello que podríamos decir seguros de nosotros mismos: «esto defendemos»

La misión o razón de ser de la organización. Para lo que estamos como empresa, lo que estamos tratando de resolver en el mundo. «Para esto estamos»

La visión o lugar al que queremos llegar. La cumbre a alcanzar, que debe inspirar a todos en la organización. Algo que pueda sentirse como más grande que uno mismo y que ayudará a la gente a comprometerse. «Aquí queremos llegar».

Una recomendación clave: toma como criterio clave de selección de los trabajadores, en particular de los de más talento, el que tengan valores personales compartidos con los de la organización y un alto potencial de compromiso con la misión y la visión.

 

Y cómo obtener resultados extraordinarios

Si exigimos a nuestro talento un compromiso y, por qué no decirlo, obediencia estricta a esas directrices básicas (valores, misión y visión) y luego le damos libertad y fomentamos su creatividad, ingenio e iniciativa en los métodos, en la manera de conseguir los objetivos, alcanzaremos resultados más increibles de lo que imaginamos.

Porque la libertad y apoyo a la iniciativa individual en los métodos proporciona flexibilidad y la oportunidad de dar todo lo que las personas llevan dentro. Significa también delegar la autoridad al que está sobre el terreno, porque es el que mejor ve la situación real y, por tanto, el que mejor puede decidir lo que hay que hacer.

También los jefes y los compañeros deben ofrecer un apoyo sólido y explícito a esa iniciativa individual, para que las personas se sientan seguras, apreciadas y respaldadas en sus decisiones.

Pero, ¡y es un pero muy grande!, otorgar libertad y apoyo a personas sin talento, posiblemente nos va a crear muchos más problemas de los que resolverá. Casi seguro, nos llevará a estrellarnos.

Por último, el talento tiene que ser correctamente motivado, tanto externamente -por parte de la empresa- como internamente -automotivado-, porque en caso contrario no va a darnos todo lo que tiene. De esto, tan importante, tendremos que hablar otro día.

 

Por qué se consiguen resultados mediocres

El problema en la mayoría de las empresas es que se exige exactamente lo opuesto: la obediencia ciega en los métodos, en los procedimientos. Quizá en aquella forma de operar que funcionó bien en el momento de su fundación pero que hoy ha quedado obsoleta.

Y, por omisión, se concede a los trabajadores libertad, creatividad y flexibilidad en la directrices básicas. Lo que les lleva a establecer su propia agenda: sus propias misiones y visiones, a poner en juego sus propios valores particulares que no tienen por qué estar en sintonía con los de la empresa.

De ahí a los reinos de taifas departamentales y a las «bombas internas teledirigidas que van a su bola» solo hay un pequeño paso. ¿Te suena en alguna de las empresas en las que has estado?

 

Conclusiones

Si no tienes talento motivado, no esperes resultados extraordinarios.

Si no has clarificado y buscado el compromiso en las directrices básicas, no esperes resultados extraordinarios.

Si no tienes talento, no te arriesgues a dar libertad en los métodos: estandarízalos y exige disciplina en su cumplimiento.

Pero si tienes talento motivado, sentado en el lugar adecuado, que ha entendido lo básico y acepta la responsabilidad de ser libre para conseguir los objetivos, entonces, amigo, prepárate para logros increíbles y que el éxito no te tumbe.