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En mi opinión, algunas empresas sí que han entendido que la crisis es una oportunidad. Son las que más se están moviendo, lanzando innovaciones, haciendo cosas diferentes, siguiendo un camino que se han marcado, después de una adecuada reflexión. Son las que afrontan el futuro con un mayor optimismo.

Otras no lo han entendido así, pero se están viendo obligadas, por necesidad, a buscar sus oportunidades puntuales debajo de las piedras para poder sobrevivir. El primer caso es una postura proactiva. El segundo se trata de una postura reactiva. No es lo mismo.

Una crisis representa un cambio sobre una situación previa que deja muchas de las premisas anteriores obsoletas. Supone la necesidad de cambiar las prioridades, hacer las cosas de una forma diferente. Y esto no es tanto una cuestión de dinero como de mentalidad.

Y un problema en muchas empresas es que se han tratado de mantener las cosas iguales durante demasiado tiempo: esto ha supuesto que gasten sus recursos (tiempo y dinero) haciendo más de lo mismo y ahora ya no tengan los suficientes para mantenerse a la vez que intentan hacer las cosas de otra manera.

Creo que la actitud adecuada de las empresas ante el futuro pasa por asumir la situación de cambios rápidos que vivimos: esto implica primero aceptar dicho cambio, y después desarrollar la capacidad de adaptarse de forma muy rápida. Esta es posiblemente una de las principales capacidades para generar ventaja competitiva en los próximos años.

Es algo similar al proceso psicológico que seguimos las personas ante la pérdida de algo o alguien querido: primero negamos la pérdida, luego viene la ira y la frustración, después la tristeza y finalmente la aceptación, momento en el que empezamos a arreglar las cosas adaptándonos a la nueva situación. Pues bien, si hay que pasar por todas esas etapas, se trata de llegar a la última – la aceptación del cambio – lo antes posible.

Algunas empresas pueden intentar crear el futuro de su sector con mayúsculas, independientemente de su tamaño, apostando por una innovación continua centrada en las necesidades de los consumidores y clientes directos.

Otras empresas lo que tendrán que hacer es adaptarse muy rápidamente a la dirección que vaya tomando el sector: ser unos imitadores muy rápidos de aquello que funciona. Sin embargo esto puede no ser muy seguro con la actual velocidad del cambio. Es paradójico pensar que innovar de forma sistemática, por definición algo lleno de incertidumbre, pueda ser más seguro que no hacerlo.