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Hay una historia apócrifa de John D. Rockefeller en los momentos inmediatamente anteriores a la 1ª Crisis Mundial (la de 1929). Se cuenta que cuando su chófer le dijo que había empezado a invertir en la Bolsa, porque el precio de las acciones subía como la espuma y era fácil obtener ganancias, él decidió cancelar inmediatamente todas sus inversiones.

Los que ganan en Bolsa

Muchos inversores inteligentes hacen esto (supongo que serán los que más ganan o los únicos que ganan): invierten cuando los mercados están a la baja (como ahora) y venden cuando están al alza. Parece lógico, pero es lo contrario de lo que hace la mayoría de la gente, que compra acciones cuando llevan años subiendo.

Trasladado al mundo empresarial: las empresas más inteligentes probablemente están invirtiendo ahora, para cosechar más adelante, cuando las cosas vuelvan a ir mejor.

Si se piensa un poco, ¿cuándo es el momento en el que realmente se saca distancia a los competidores en una carrera de campo a través o ciclista? Cuando se pone cuesta arriba. Ahí es donde se consiguen verdaderas diferencias.

Cuando vas cuesta abajo, casi todos corren mucho, es relativamente fácil no desengancharse…y para hacerlo hay que ir en plan temerario, asumiendo alto riesgo de batacazo.

En las empresas podríamos decir lo mismo: en momentos de crisis como el actual es cuando las que tienen una mentalidad ganadora deberían estar invirtiendo, para sacar diferencias reales e importantes sobre sus competidores.

En cambio, cuando van bien las cosas, lo que hay que hacer es ir a la velocidad, al ritmo de la mayoría, evitando temeridades absurdas.

Pero, ¿cuánto durará la crisis?

En España, Europa y otros países desarrollados probablemente mucho más de lo que nos dicen. Porque nuestras empresas no están invirtiendo: los bancos apenas les prestan dinero para nuevas inversiones desde hace años, sus reservas de tesorería están bajo mínimos, y muchos propietarios no están dispuestos a invertir su capital en negocios que ya no ven atractivos, al menos donde están ubicados hasta ahora.

Mientras tanto, las empresas de sectores similares en otros países emergentes sí lo están haciendo.

No tanto porque estén siendo inteligentes sino porque “el momento” está con ellos: por una conjunción de condiciones favorables (subcontratación occidental, mercados de consumo interiores con un desarrollo explosivo, acceso a la información y el conocimiento vía Internet, etc*) están creciendo sus países a ritmos imparables por lo que allí no resulta tan complicado encontrar financiación.

La distancia que nos están ganando día a día es vertiginosa (porque ellos sí están invirtiendo y nosotros no), por lo que nuestra competitividad se va a ver muy, pero que muy mermada en muchos sectores que compartimos con ellos.

Y el problema se hace mayor porque no se conforman con ser fábricas de lo que no quieren hacer los europeos o los estadounidenses, sino que apuestan también por los sectores de mayor valor añadido y por la innovación.

Esto va a significar un vuelco definitivo en el reparto de pesos de la economía mundial, desplazándose hacia aquellas zonas. Y a los ritmos de crecimiento de esos países, no tardaremos mucho en verlo.

SMILE CHINO

¿Hay solución?

La única que se me ocurre, aparte de las drásticas e indeseables (proteccionismo, imposición por la fuerza) es que nuestras empresas apuesten a muerte y de forma permanente por la innovación y la diferenciación de alto nivel en sus respectivos sectores.

En las medianas o pequeñas, también por una fuerte especialización en nichos específicos de negocio, pero con una presencia lo más extendida posible en los mercados internacionales.

Aún tenemos mucho que decir en creatividad, innovación y diferenciación de alto valor. Y para ello, al contrario de lo que se piensa de manera habitual, no se necesitan invertir muchos recursos en caros equipamientos, máquinas o instalaciones.

Y es que como también dijo John D Rockefeller: “A menos que creáis en vosotros mismos, nadie lo hará; este es el consejo que conduce al éxito”

* Para entender por qué están desarrollándose de manera vertiginosa los países emergentes recomiendo la lectura del excelente “La Tierra es Plana. Una breve historia del siglo XXI” de Thomas L. Friedman