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Los procesos de ajuste en los diferentes sectores de la economía, que aún no han terminado ni mucho menos, seguirán acarreando fuertes y continuadas reestructuraciones de plantillas. Más vale que, como trabajadores, vayamos asumiendo que el empleo de por vida en la misma empresa se acabó: puede ser dramático pero también puede ser positivo y estimulante.

El mundo que viene es de los pequeños empresarios autónomos, con una fuerte marca personal (Yo S.A – concepto desarrollado por Tom Peters -), que tienen una cartera bien diversificada de clientes muy satisfechos y trabajan en red con una serie de colaboradores de confianza. Esta opción parece ya hoy más segura que ser un empleado fijo en Telefónica o el Banco Santander.

Para tener un buen futuro en esta situación hay que ser muy, muy bueno en algo, especialistas en lo nuestro, que será algo que tiene un valor para un número suficiente de clientes. También será necesario saber trabajar en equipo (hoy aquí, mañana allí), tener una visión de lo que van a ser las cosas en nuestro ámbito de especialidad, mantener encantados a los clientes y estar obsesionados por los resultados.

Esto nos proporcionará como trabajadores un futuro aparentemente menos seguro (respecto a lo que se ha concebido en el S.XX como seguridad en el trabajo), pero probablemente más emocionante y también más rentable.

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