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Este es un tema que he abordado en algún post anterior (este y este, por ejemplo), pero que considero apropiado tratar con algo más de detalle, ahora que se acercan elecciones generales (en este momento falta por determinarse la fecha, pero serán entre noviembre y diciembre 2015) y puede ser momento de cambios importantes.

Momento, quizá, de asumir riesgos y tomar decisiones de calado, y para ello considerar propuestas originales y por qué no, aparentemente utópicas.

 

¿Por qué un sistema de salud empresarial en España? ¿Qué es?

Consiste en un sistema de salud permanente, similar al individual, pero que se ocupa de mantener la salud económico-financiera de las empresas, especialmente, de las que más lo necesitan: las recién nacidas y las mayores.

Este sistema resulta muy apropiado para un país como España en el que encontramos:

– Una elevada tasa de paro permanente. Por encima del 20% en los últimos 5 años (fuente INE) (evolución tasa desempleo – INE)

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– Un elevadísimo desempleo juvenil. 58% de los jóvenes. ¡6 de cada 10! (fuente OCDE Skills Outlook 2015): desperdicio inaudito e imperdonable de potencial humano.

– Un alto índice de fracaso empresarial. Menos de la mitad de las empresas superan su 5º año de vida (fuente: Expansión.com), aunque posiblemente la cifra sea aún menor (otras fuentes dicen que menos del 10% de ellas superan los 10 años).

– Ausencia de espíritu y vocación emprendedora. Uno de cada tres jóvenes quiere ser funcionario, casi el doble que en el siguiente país europeo, Italia (fuente: Cinco Días).

– Bajas defensas competitivas de las empresas en mercados que están globalizados en muchos sectores.

– Industrias enteras que han sido arrasadas por la crisis y en las que los empleos que se han perdido no van a volver. Empleos que van a tener que crearse en nuevas industrias y en sectores tradicionales que se hayan modernizado (léase adaptado).

A los gravísimos problemas estructurales expuestos anteriormente aún podemos añadir algunos más:

– Falta de un nivel profesional adecuado entre los empresarios (conocimientos, habilidades y actitudes adecuadas): manejar una empresa, más aún si tiene empleados, es una responsabilidad enorme que muchas veces no se equipara con el nivel profesional de quienes las dirigen.

– Un buen número de empresarios no saben que sus empresas están enfermas o que no están preparadas para jugar en la Champions League (competencia mundial): “no saben lo que no saben”.

– Un sistema de apoyo al emprendimiento muy poco eficaz: basado en “echar” dinero a personas que, en muchas ocasiones, no tienen claro hacia dónde se dirigen y en el que el “canal” de distribución de los fondos resulta excesivamente largo, dejando un reguero de dinero a instituciones, actividades y personas poco eficientes o, directamente, improductivas.

En el caso concreto del emprendimiento, estamos actuando como si tuviéramos un problema de baja natalidad (de empresas), agravado por otro de alta mortalidad de los recién nacidos y, simplemente, nos dedicáramos a dar algún dinero a las madres, olvidando crear puestos de especialistas en pediatría que las ayuden a llevar adelante los embarazos de forma segura y eficaz.

Esto parece la Edad Media empresarial. O peor (en la Edad Media existían matronas o comadronas para ayudar a dar a luz a los hijos).

No hablemos ya de las empresas “mayores”, de las que ni nos acordamos: las dejamos languidecer mediante un procedimiento concursal que solo sirve para darles la puntilla y permitir enriquecerse rápidamente a unos cuantos administradores que no tienen ni el interés ni la capacidad para sacar a las empresas de esa situación, como se ha demostrado en un elevadísimo número de casos.

Todo lo anterior, es evidente, hace necesario que se constituyan muchas nuevas empresas, se reduzca el número de empresas que cierran y también la cifra de despidos en las empresas que sobreviven.

Pero para lograrlo, habrá que mejorar la “salud” de nuestras empresas. De las que ya existen y de las que nazcan en el futuro.

Algo que bien puede ser un asunto de Estado, ya que es de interés general, sin ningún género de duda, el que en un país haya muchas empresas creando empleo productivo y generando riqueza, con empleados que ganen salarios más que decentes.

Porque, en nuestras circunstancias actuales, es válido lo que le repetía incesantemente Bill Clinton a George Bush padre durante la campaña presidencial estadounidense de 1992, que acabó ganando contra todo pronóstico: “Es la economía, estúpido”.

 

¿Quién se hace cargo del sistema?

Este sistema es promovido por el Estado y participado por las propias empresas, que son, a la vez, beneficiarias del sistema y sus principales contribuyentes. De forma similar al sistema de salud público actual.

En todo caso, por interés general, se pueden localizar, como hemos anticipado, dos grupos de beneficiarios preferentes:

 

– Las empresas jóvenes: de reciente creación (startups) hasta 5 años de vida.
– Las empresas mayores: en proceso de relevo generacional o con un modelo de negocio claramente obsoleto.

 

Estos grupos específicos serían atendidos por especialistas en los problemas habituales que padecen este tipo de empresas (“pediatras y geriatras” de empresas).

 

¿Cómo funciona el sistema?

De forma análoga al sistema de salud individual, dispone de una serie de médicos-consultores, algunos generalistas, y otros especialistas en los diversos ámbitos del mundo empresarial (ventas, marketing, servicio, producción, logística, innovación, calidad, estrategia, etc).

En ambos casos, profesionales homologados que utilizan los “equipos y tecnología” (herramientas y métodos) más modernos, y que cuentan con profundos conocimientos, habilidad y experiencia demostrable en su especialidad. Estos médicos-consultores forman una red de proximidad: son consultores de “cabecera” que ofrecen a las empresas que necesitan su ayuda una gran accesibilidad, tanto geográfica (están cerca físicamente), como económica (el servicio es gratuito o casi gratuito) o cultural (utilizan un mismo lenguaje y señas culturales).

Cuando una empresa, cualquiera, pues se trata de un sistema universal, considere que tiene un problema de salud o una urgencia, podrá ser atendida en estas consultas de proximidad.

También deberían poder realizar chequeos periódicos, por ejemplo una vez al año, para comprobar que todo “sigue funcionando bien”; estos chequeos, especialmente dirigidos a aquellos empresarios que no saben que sus empresas están enfermas o que no tienen el estado de forma necesario para competir en su sector.

En el caso de que una empresa se sienta «enferma» y acuda por voluntad propia al sistema de salud, un consultor generalista la atenderá en primera instancia, realizando un diagnóstico inicial que le permitirá obtener una solución-tratamiento a su problema, o bien, ser derivada a los especialistas correspondientes, si la problemática lo requiere.

Tras realizar el servicio, todos los consultores (generalistas y especialistas) serán valorados por las empresas-pacientes según un sistema “crowdsourcing” tipo Amazon o eBay – de estrellas o similar -, para garantizar la calidad del servicio.

 

¿Quién lo paga?

El sistema será financiado por el Estado, a partir de las contribuciones de las propias empresas.

Para asumirlo más fácilmente, se propone, a modo orientativo, una reducción del 5% en el actual Impuesto de Sociedades (actualmente, entre el 25% y el 30%), ahorro que las empresas destinarán en una parte, un 3% por ejemplo, como contribución para pagar a esta red de médicos-consultores.

Es muy probable que esa disminución del 5% en el Impuesto de Sociedades para las arcas del Estado sea compensada, con creces, mediante la creación de empleo y la nueva riqueza generada gracias a la mejora de “salud” de las empresas. Mientras que el coste del 3% sobre los beneficios empresariales se vea compensado para las propias empresas por el aumento de la demanda.

El sistema de “salud empresarial” dependerá del Ministerio de Economía y será gestionado directamente por él, evitando otro tipo de instituciones intermediarias, que han demostrado su ineficacia a lo largo de los últimos años. También este Ministerio será responsable de homologar a los profesionales de cada región o zona.

Es este un sistema que podemos llamar “progresivo” ya que permitirá que, de forma paulatina, tengamos empresas más saludables, dirigidas por mejores y más profesionales empresarios, que serán formados, tutelados y ayudados, siempre que lo necesiten, por una red de expertos.

 

Se necesita un cambio de mentalidad

Este sistema requiere, obviamente, de un cambio de mentalidad.

De dejar de ver a los empresarios como explotadores sin escrúpulos, que solamente quieren hacerse ricos a costa del sufrimiento, la humillación y alienación de sus trabajadores. Estas mentalidades están completamente trasnochadas, todos lo sabemos, incluso aquellos que están más interesados en mantener esa visión distorsionada de la realidad.

De ser conscientes de lo importante que es apoyar el emprendimiento de verdad, y no con palabras huecas. De asumir que son los empresarios quienes crean empleo productivo y riqueza mediante su iniciativa y riesgo: a todos nos va bien si hay muy buenos empresarios.

Porque yo sí he conocido muchos casos de empresarios arruinados, con patrimonios perdidos completamente y graves enfermedades, probablemente, derivadas de los problemas de sus empresas, agarrados al timón hasta el final, tratando de evitar los despidos o el cierre por todos los medios.

Sin embargo, he de ser honesto, he conocido a muy pocos trabajadores que se quejen abiertamente, y con razón, de que sus jefes eran unos explotadores sin conciencia.

Señores, estamos en el S. XXI, planteemos de una vez iniciativas propias de este siglo, no del pasado o del anterior. Aquí, con toda humildad, tienen una. 

P.D: Me encantaría recibir cualquier sugerencia de mejora o construcción sobre este planteamiento. Gracias por anticipado.