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Ahora parece mentira, pero hubo un tiempo en que se hacían las cosas con poca calidad. A veces salían bien y otras no tan bien. No importaba demasiado. Los mercados adquirían todo lo que se les ofrecía porque había más demanda que oferta.

El movimiento de la calidad se empezó a tomar en serio en España allá por los años 80 y especialmente a partir de los 90.

Probablemente como consecuencia de dos factores:

La mayor exigencia de los consumidores nacionales – en los mercados empezaba a haber más oferta que demanda – y la salida de las empresas hacia mercados internacionales, en los que se requerían certificados de calidad para poder vender en ellos (obviamente en los mercados más desarrollados)

 

Surfeando en la 1ª ola

Muchísimas empresas no fueron capaces de tomar esa primera ola. Y desaparecieron.

Una ola que no solo implicaba hacer las cosas con una calidad buena y reproducible a lo largo del tiempo, sino también una optimización de la producción industrial, con la inversión en nuevos equipos y máquinas más productivas y mejores, la creación de departamentos comerciales profesionales y los primeros embriones de departamentos de marketing.

Podríamos llamarlo la profesionalización 1.0 del mundo empresarial.

Otras si fueron capaces de tomar esa ola y dieron origen a fuertes empresas industriales y de servicios que se convirtieron en referentes de sus sectores a nivel local, nacional e incluso internacional.

Lo hacían bien y ganaban dinero, por lo que aprovecharon uno de los periodos más largos de bonanza económica de la historia española.

Ahora ya sabemos que ese fue un periodo extenso pero excesivamente volcado en la construcción.

Demasiados negocios derivaron y se centraron en atender directa o indirectamente a este sector, en detrimento de otros sectores e inversiones que se perdieron para siempre. Y es que era relativamente fácil: el boom inmobiliario supuso durante unos cuantos años que no hubiera producción suficiente para atender tanta demanda vinculada a la construcción.

Al final, también el asunto de la calidad se banalizó ya que algunas empresas, para sobrevivir, prácticamente «compraron» el certificado de la famosa norma ISO 9000, pero no el espíritu de la calidad y la excelencia. A esto ayudaron algunas empresas certificadoras que entraron en una guerra de precios que empeoró la calidad del servicio, haciendo un flaco favor a todos.

 

Surfear en la 2ª ola

Como sabemos bien, eso se acabó hace ya unos años. Y, entre tanto, ha llegado una segunda ola, mucho más grande que la anterior.

Es una ola que representa el reto de ascender un nuevo peldaño en la profesionalización de las empresas. Es el reto de la presencia en la web, el marketing 2.0, la estrategia, la gestión de personas y la innovación constante.

Una presencia en la web con sentido comercial y visión de cliente, no utilizada solo como tarjeta de visita empresarial (un «ya estoy aquí», pero nada más)

Un marketing 2.0 que ha enterrado al antiguo marketing basado en productos hechos «solo» por la empresa, con precios marcados «solo» por la empresa, con una distribución y comercialización basadas en canales físicos tradicionales y una comunicación exclusivamente unidireccional (de la empresa hacia el cliente)

Una estrategia que significa tener muy claro en qué parte del mercado se va a concentrar la empresa y cuál va a ser la propuesta de valor ganadora que le va a facilitar el éxito.

Una gestión de colaboradores, más allá que trabajadores, a los que hay que comprometer e implicar en un proyecto de empresa que tiene sentido para ellos. Hace tiempo que dejaron de ser carne de cañon fácilmente sustituible: hoy son imprescindibles para llevar adelante a las empresas más competitivas.

Y una innovación que es la nueva calidad en este inicio del siglo XXI: solo falta que nuestros clientes nos exijan la correspondiente certificación o aval que nos confirme a sus ojos como empresa innovadora. Es decir, como un partner fiable y con garantías de poder ayudarles a progresar, con el que les interesa casarse a largo plazo.

¿Cuánto falta para eso? No creo que mucho.

La innovación dejará pronto de ser un factor que te diferencie en positivo y se convertirá en un mínimo para tener éxito: o eres innovador y aportas innovación a tus clientes o no serás un buen socio.

 

Víctimas y nuevos surfistas

Veo que demasiadas empresas que tomaron muy bien la primera ola, y se hicieron grandes y respetadas, hoy no se han enterado que por detrás se les echa encima esta segunda ola.

Flotan, complacidas, mirando hacia la playa. Notan que el agua hace unos movimientos extraños, que las cosas no parecen exactamente iguales, pero no se han girado para prepararse ante lo que viene.

También veo que hay otras cuantas que sí se han dado la vuelta y lo están haciendo lo mejor que pueden para tomar en buenas condiciones esa ola de cambio y avance. Serán sin duda las ganadoras en este primer cuarto de siglo XXI.

La crisis ya ha acabado. La primera ola ya pasó hace mucho. Hoy hay otra ola que trae nuevos retos. Sin duda, vendrán nuevas olas. ¿Qué piensa hacer usted?