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Comparto en este post algunas ideas sobre Internet como tecnología revolucionaria, recogidas y desarrolladas a partir del inspirador libro de Enrique Dans “Todo va a cambiar”.

Efectivamente Enrique, “¡¡todo ha cambiado ya!!”

Tecnología y progreso

El progreso se caracteriza por la aparición de nuevas tecnologías que disminuyen drásticamente los costes de producción de los bienes, haciéndolos accesibles a un número mucho mayor de personas que antes.

Esto es lo que ocurrió con la imprenta de Gutemberg en el siglo XV. Antes de ella, hacer un libro (a mano por el monje de turno) era lo suficientemente caro como para que solo pudieran disfrutar de ellos, y por tanto del conocimiento, los más pudientes: la Iglesia, los nobles, la realeza…

Al extenderse la imprenta bajaron los costes de producción de tal forma que los libros se hicieron accesibles a una gran parte de la población. Ese camino nos ha traído hasta aquí, momento en el que parece que la imprenta ha cumplido ya su ciclo en la Historia.

Tecnología y valor

La tecnología no destruye valor como muchos afirman sino que, en un sentido global, aumenta el nivel de vida de la gente. Si destruyera valor, hoy seríamos más pobres que antes de la Revolución Industrial que comienza a finales del siglo XVIII y desde la que se han desarrollado innumerables tecnologías e inventos que han mejorado nuestro bienestar.

La idea clave es que la tecnología, en este momento Internet y todo el ecosistema que se está generando a su alrededor, redistribuye la riqueza hacia los que la aprovechan, desde aquellos que no lo hacen. Y por supuesto, estos sí que pierden.

La tecnología genera sistemas más eficientes y aniquila aquellos otros que no son capaces de adaptarse. Véanse hoy los casos de clara inadaptación ante el fenómeno de Internet de industrias como la discográfica o la periodística.

La tecnología también cambia las prioridades de la demanda de trabajo y la especialización profesional: en esta revolución tecnológica que vivimos (una más, por cierto), las habilidades necesarias no las tienen muchas personas dedicadas aún a trabajos o tareas tradicionales.

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De manera similar a la Revolución Industrial, en que la mecanización de las actividades agrícolas llevó a muchos campesinos del campo a la ciudad (en la que ciertamente perdieron calidad de vida, pues ya no aportaban el mismo valor al sistema), podemos anticipar que habrá emigrantes también a la periferia de Internet.

¿Quiénes serán estos nuevos emigrantes? ¿qué trabajos tendrán que hacer teniendo en cuenta que hoy, a diferencia del siglo XVIII, la competencia no es local – en el entorno de la ciudad a la que emigraban – sino global?

Me explico: hoy la competencia para un teleoperador que trabaja en Madrid no solo está en esta ciudad o en el resto de España. Está en Marruecos, en América Latina…Por eso, teniendo en cuenta el nivel medio de vida de estos países no debemos escandalizarnos de los salarios que se ofrecen para este tipo de trabajos.

Tecnología y opositores

Vamos a encontrarnos con especialistas en trabajos tradicionales que no van a ser necesarios más, al menos en su número actual ¿Quiénes son los actuales artesanos especialistas que van a quedar desplazados?

Una forma de localizarlos es fijarse en quiénes son aquellos que más desprecian y claman contra la nueva tecnología. Porque eso suele demostrar que tienen un conflicto de intereses: odian la nueva tecnología porque les quita trabajo.

Es duro, pero no tiene vuelta atrás. Ninguna tecnología que ha aportado un valor tan elevado a la mayoría de la gente ha tenido vuelta atrás. Preparémonos para las habilidades que requiere el mundo online y aprovechemos las enormes oportunidades que pone encima de la mesa para las personas y las empresas.

Hay muchas cosas por venir y esto es solo el principio…

Ahora ya sabemos para que se inventaron los ordenadores: no para hacer cálculos muy complejos ni siquiera para ir a la Luna. Se inventaron para utilizar Internet.

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