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Se ha acabado la consultoría tradicional en la que el valor añadido se basaba en el conocimiento y posesión de ingeniosas y, en ocasiones, complejas herramientas, como la famosa matriz de McKinsey-General Electric.

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Una consultoría que se realzaba mediante excelentes presentaciones de powerpoint y se sostenía en una legión de recién licenciados-carne de cañón dedicados a echar “las horas que haga falta”, aunque no la experiencia, que sí tenían los “senior” que vendían los proyectos…

Ese tipo de consultoría recuerda a la casta sacerdotal del Antiguo Egipto, en la que el poder de los sacerdotes se basaba en el conocimiento de los secretos arcanos y su inaccesibilidad al resto de los mortales.

(sobre esta clase de consultoría puede ser bastante ilustrativo leer el sarcástico y exagerado, en clave humorística, “El efecto Riverside – Cuando los consultores dominaban la Tierra”)

 

Acceso al conocimiento

Hoy las herramientas son cada vez más sencillas y fácilmente accesibles para todo el mundo. No solo porque rápidamente están en los libros de management, sino porque circulan por Internet a altísima velocidad, de forma completamente gratuita.

El último caso es el ya muy famoso Business Model Canvas de Alex Osterwalder, por el que “casi cualquiera” se ve capacitado para hacer filigranas en un modelo de negocio empresarial dado.

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De hecho es una herramienta que ha triunfado por su simplicidad y su potencia (como Google), y porque cubre una necesidad que estaba latente en el mundo empresarial: cómo representar de forma sencilla, coherente y global de qué forma crea, distribuye y se apropia de valor una empresa en cada uno de sus negocios.

Ese fácil acceso al conocimiento, junto a la simplicidad de las herramientas, empieza a dar lugar a una creciente clase de consultores próximos, física y mentalmente, a las empresas (mismo lenguaje, señas culturales, etc). Una clase parecida a la red de médicos de la que disfrutamos en nuestro sistema de salud; un símil el del médico-consultor que ya hemos esbozado en algún post anterior.

 

Sistema de salud empresarial

Por analogía con dicho sistema de salud, el valor de esta nueva clase de consultores “de cabecera” residirá en la accesibilidad (económica, física y mental) que brinde a sus empresas-pacientes y en su capacidad para hacer buenos diagnósticos y plantear óptimos tratamientos.

Esto último (buenos diagnósticos y tratamientos) dependerá de su conocimiento, experiencia y capacidad, algo que deberá chequear convenientemente la empresa antes de someterse a su asesoramiento. Porque como en el sector médico, los habrá buenos, malos y peores.

En su caso, esos consultores “de cabecera”, con conocimientos generalistas del mundo empresarial, deberán remitir los casos que lo requieran a los especialistas correspondientes (por ejemplo en fabricación, coaching, innovación, etc), que dispondrán de los “métodos más modernos” y por supuesto de un profundo conocimiento, habilidad y experiencia en su especialidad.

¡No me digan que este sistema no resultaría estupendo para mantener la buena salud de nuestras empresas!

Y teniendo en cuenta que esas empresas son las que crean empleo productivo en este país, hasta podría considerarse de interés general y, por tanto, llegar a plantearse que el Estado favoreciera y velara por la existencia de un servicio de consultoría accesible para todas las empresas. Una especie de sistema de salud empresarial.

¿Una utopía?