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La verdad por delante: este post lo quería haber escrito en enero pasado, para plasmar por escrito aquellos aprendizajes y hechos relevantes de 2019 de los que quería acordarme, tanto en un plano profesional como vital.

Por falta de tiempo y de prioridad, el post ha llegado hasta hoy sin escribirse, ni siquiera esbozarse, aunque no ha dejado de rondarme la cabeza. Y ahora, en plena crisis COVID-19, lo retomo, no porque no tenga trabajo, que es bastante más del que esperaba – y he de decir que muy satisfactorio al haberme adaptado a trabajar, diría que, con bastante facilidad, al entorno de teletrabajo que ha originado este asunto -, sino porque el momento tan complicado e histórico que estamos viviendo también invita a echar una mirada atrás.

Voy a ser bastante telegráfico en las ideas, para no hacerlo aburrido, pero sí ágil, y espero que comprendas que no pueda ser más específico en algunas cosas. Allá vamos.

7 - Mirando un poco atrás: tribulaciones y aprendizajes

Mis aprendizajes y tribulaciones durante algo más de un año

Las cosas acaban yendo por donde tienen que ir. Y cuando se acercan los intereses de unos y otros es muy posible que acabes colaborando, de una u otra forma. Lo contrario sucede cuando se alejan los intereses: dejas de colaborar, de cualquier posible forma.

Es bueno, muy bueno, tener claro qué tipo de clientes te interesan y cuáles no. Porque dejas de perder mucho tiempo, no solo en trabajos que te pueden frustrar y acabar aburriendo (por falta de ganas, capacidad o lo que sea de tu cliente), sino al ganar claridad en saber qué actividades de promoción y marketing te interesan más: esto te ayuda muchísimo a evitar esos múltiples compromisos “dudosos” que van saliendo por el camino (“vamos a hacer esto por si acaso…”)

También puede suceder que te encuentres con un cliente objetivo de libro (cumple todos tus criterios que has establecido de forma concienzuda) y te vayas dando cuenta, progresivamente, que no lo es, que no es tu cliente. Es triste porque ves todo lo que podrías hacer por él, pero no, no hay nada que hacer si ellos no quieren. Mejor olvidarlos, necesitamos “casarnos” con las mentalidades adecuadas. Si no es tu cliente, no es tu cliente. Y, de verdad, no pasa nada.

Cuando no tengas claro qué valor te está aportando un proveedor, para. Dale una nueva oportunidad de demostrar lo que te puede proporcionar y, si sigue sin estar claro, abandona. Con relación a los proveedores, también apuesto porque no hay que cansarse de buscar lo excelente, aunque te aburra, te cueste disgustos y te pueda llegar a frustrar mucho. No hay que conformarse con lo mediocre si quieres que tu trabajo y tu imagen sea excelente…seguimos buscando😊

4 - Mirando un poco atrás: tribulaciones y aprendizajes

A veces me sorprende lo que no sé calificar de otro modo que “saber estar” por parte de algunas personas, en este caso, falta de “saber estar”: cuando has hecho un esfuerzo a cambio de nada aún, te has trabajado una propuesta tras una o varias entrevistas para averiguar las necesidades de esta persona/empresa…y, de repente, la llamada que te iban a hacer no se produce, la respuesta al email no llega, a veces, hasta no cogen tu llamada.

En fin, me parece de lo más penoso. Siempre he pensado que la categoría de alguien, en el mundo profesional, se mide por cómo trata a sus proveedores – y, sobre todo, a los más pequeños, a los que menos capacidad de negociación tienen y, por tanto, más que perder – y no por cómo trata a sus clientes. Esto último más bien me dice poco, porque es obvio cómo hay que tratarlos hoy en día si no quieres estar muerto.

Mea culpa por haber dado consejo allí donde no me lo habían pedido, aunque haya sido con buena intención – ahorrar tiempo, llegar a aportar un alto valor al cliente -. No hay que precipitarse. A veces, tus prioridades no son las mismas que las que tienen otros en su agenda. Me cuesta mucho colaborar con personas y proyectos donde los criterios no son estrictamente profesionales. Sencillamente, porque me cuesta entenderlos.

No se puede hacer un pura sangre de un caballo percherón. Esto es así. Intentar lo contrario es perder tiempo y dinero. He perdido ambos.

Elige buenos profesores – si puedes los mejores -, no baratos o amiguetes. A la corta, es más fácil y rápido tomar la decisión con estos, pero te vas a frustrar si tu nivel de exigencia es mínimamente elevado. A la larga, con aquellos, ahorras dinero, percibes el valor con claridad y te sientes más feliz y realizado. Y es una realidad indiscutible que siempre puedes aprender algo más. El año pasado, tanto una como otra cosa, me han sucedido varias veces y en varios ámbitos distintos, no solo profesionales.

Es difícil retomar las amistades abandonadas. Y no es por ganas, es por la pura inercia, aquello de que las vidas de cada uno ya están muy definidas y volver a “hacer hueco,” exige un esfuerzo consciente que muchas veces no llegas a hacer. Por eso, si quieres que no se eche a perder una amistad, mantenla como sea, aunque sea en modo bajo perfil.

Hay gente que no merece la pena por su exceso de orgullo. Dales una oportunidad, pero si su orgullo es tan excesivo como para que se encastillen en él, no pierdas ni un segundo de tu tiempo en ellos.

Nuestros clientes no son empresas, aunque nos paguen sus empresas, nuestros clientes son las personas que trabajan en ellas, sobre todo, algunas de ellas. No lo olvides. Si pierdes a esas personas, es fácil que pierdas el cliente.

imagen 3 - Mirando un poco atrás: tribulaciones y aprendizajes

Qué importancia tiene la actitud en los trabajadores, especialmente, en aquellos más jóvenes, que, a falta de conocimientos prácticos y experiencia, es lo mejor – a veces lo único – que pueden aportar. La diferencia entre una buena actitud y una actitud mediocre no es lineal, ni siquiera geométrica, es exponencial.

Cuando se cierra una puerta, se abren dos ventanas. Y encima, por las que entra el sol en lugar de la lluvia. Literal. Y muy feliz por ello.

Haz doble chequeo en los proyectos complejos – aunque solo lo sean por el papeleo – y de alto riesgo – porque puedan suponer una pérdida más o menor importante en caso de fallar -. No lo olvides nunca, exígetelo y exígelo a tus colaboradores. Por eso se crearon los checklist de los aviones para despegar y aterrizar (tengo que hacer de una vez ese post sobre la invención del checklist en la 2ªGM)

Cuando se alarga la decisión de compra más de un mes, has perdido al cliente, no te engañes. Al menos, lo has perdido por esta vez, en esta ocasión. Prepárate para que la próxima vez tu aportación de valor sea más clara o, identifica mejor, qué y, sobre todo, quiénes, son los obstáculos para continuar adelante. En todo caso, tener claro tu proceso comercial (el “embudo”), es una de las mejores cosas que te puede pasar. Da tranquilidad y relajación mental.

Hay personas que siguen pendientes de la amistad, a pesar de la distancia y el tiempo, tenlas muy en cuenta.

Qué decepción es cuando alguien no cumple su palabra. No me entra en la cabeza no hacerlo, por eso me cuesta darla. Pero si lo hago, es porque voy a cumplir lo prometido. No puede haber dudas sobre esto. El que no cumple es, o bien, porque no es una persona confiable o bien porque no te considera digno de ella. Ambas cosas son lamentables.

No es tan difícil probar formas distintas de hacer las cosas una vez que las haces sin remedio – me estoy refiriendo al teletrabajo –. De todas formas, es más sencillo cuando hay necesidad que cuando es, simplemente, deseo. Sí, yo también creo que pueden cambiar muchas formas de trabajar con la situación que nos está tocando vivir.

Cuanto mejor te conozcas, mejor te irá en la vida: harás más sencillo y rápido tu progreso y será más fácil saber con quién hacerlo. ¿Por qué no se enseña a los niños y adolescentes a conocerse mejor? Todos esos tests y diagnósticos que podemos hacer en el mundo profesional no veo por qué no se pueden adaptar al mundo escolar.

No somos nadie. Mucho más insignificantes de lo que pensamos, coronavirus mediante. ¡Y qué importante es la familia! En los momentos difíciles te recluyes en lo más básico y ahí ves qué es lo realmente importante.

También soy de los que creen que, en una gran crisis como esta, tras el bofetón inicial que te llevas, con el que muchas cosas se vienen abajo, poco a poco y, si te pones un poco en serio hasta de forma rápida, se pueden detectar muchísimas oportunidades que aprovechar. De hecho, lo estamos haciendo con varios clientes y nosotros mismos en nuestra empresa.

En la forma de reaccionar durante una gran crisis es donde empresas y líderes se retratan: para muy bien o para muy mal. ¿En qué lado quieres estar?

 

Agradecimientos: este post hubiera sido imposible de hacer sin la inestimable ayuda de Google Calendar, sencillamente, porque me hubiera costado muchísimo más recordar todas las cosas que han pasado…