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Hacia principios de la década de 1970, Peter Guber era un jovencísimo jefe de estudio en la productora de películas y televisión Columbia Pictures.

Habían alcanzado un acuerdo con Jack Warner, el mítico fundador de la Warner Bros. para que hiciera una película con ellos.

Durante las conversaciones relativas a la película, hicieron una pausa y Warner le preguntó a Guber por cómo le iban las cosas en el estudio.

En un arrebato de sinceridad, éste le contestó que al final de cada día se sentía superado: «Es como un tsunami. La gente no para de venir a mi despacho con un problema tras otro. No se acaba nunca.»

Entonces Warner le contó la siguiente historia:

«No te confundas: tú solo tienes alquilado ese despacho. No es tuyo. Es un zoo. Tú eres el guarda del zoo, y cada una de las personas que entran en ese despacho viene con un mono.»

«Ese mono es problema suyo. Pero intentan dejarlo contigo. Tu trabajo consiste en descubrir dónde está el mono. Ellos lo esconderán o lo disfrazarán, pero recuerda que eres el guarda del zoo. Tienes que mantener limpio el lugar.»

«Así que asegúrate de que, cuando los acompañes a la puerta, llevan a su mono cogido de la mano. No permitas que se vayan sin el. No permitas que vuelvan hasta que lo hayan amaestrado y tengan soluciones para sus problemas. Si no, al final del día tendrás un despacho a rebosar de animales chillones que saltan y caca de mono por todas partes.»

Añadió: «Imagínatelo visualmente. Haz que todos se lleven sus mono-problemas y vuelvan con una solución.»

 

Conclusión

Me parece una de las mejores historias que he oído para subrayar la importancia de que cada uno asuma su responsabilidad. Ser jefe, directivo o gerente implica interesarse en todos los problemas de los subordinados, incluso en ayudarles a resolverlos, pero no en quedárselos ellos y cargar con su solución.

Mirando atrás, la verdad es que te acuerdas de ente que es habílisima en esto: quieren, y defienden a capa y espada, el salario del cargo que ostentan, pero no la responsabilidad que lleva aparejada.

En esos casos, si el jefe no es hábil, va a cargar con muchos más problemas de los que debería. Su verdadero trabajo se resentirá en calidad y productividad, y su día a día estará repleto de monos chillones y cagones.

Nota: esta historia la he recogido del excelente libro de Peter Guber «Storytelling para el éxito»