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Un día en una reunión con un cliente, me asaltó un pensamiento, no recuerdo exactamente a cuento de qué cosa, que comentamos entre los que estábamos allí.

Algo más elaborado, tras reflexionar en ello, vendría a ser esto:

Si uno hace bien, pero que muy bien la cosas, en un sector en el que hay competencia abierta e intensa, podrá vivir decentemente. Pero para hacerse «multimillonario», en esas condiciones, tiene que haber algo más. A saber:

Oportunidad #1

Vives en medio de una burbuja especulativa y eres proveedor directo o indirecto del activo sobre el que se especula: como en la idem inmobiliaria de infausto y persistente recuerdo.

Oportunidad #2

Estando en un sector «normal», con crecimiento normal (estos días más bien decrecimiento normal), estás utilizando atajos (comprando voluntades, aprovechando información privilegiada…), dicho suavemente. Haciendo trampas, dicho con las de la ley.

Oportunidad #3

Estás innovando: has logrado cambiar las reglas de juego de tu sector, poniendo una nueva marcha que elimina temporalmente a tus competidores (nadas en un océano azul, limpio y puro)

Consecuencias

La primera opción genera, a medio y largo plazo, sufrimiento y empobrecimiento para la mayoría de la sociedad, como comprobamos cada día. Aunque durante una época la fiesta para muchos ha sido de traca.

La segunda es reprobable, ilegítima e injusta para los que compiten siguiendo las reglas, que son la inmensa mayoría. A pesar de ello, los dueños de las empresas de turno ostentan sus ganancias (y exigen) como si fueran los tipos más legales del mundo.

La tercera me temo que es la única sana. Aunque no pongo la mano en el fuego por nadie visto lo visto, no hay en principio nada que reprochar a los fundadores de Google, Amazon, etc.

 

Nota: estamos hablando siempre de un sector con elevada competencia, porque cabría darse al caso, cada vez menos frecuente, entre otras cosas gracias a la globalización, que los competidores sean muy flojitos y haciendo las cosas medianamente bien (digamos aplicando buenas prácticas), nos forremos. Ya digo, algo bastante improbable en estos tiempos.