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Mi trabajo es apasionante por diversos motivos, pero uno de ellos especialmente interesante es que me permite conocer distintos tipos de empresas de muy diferentes sectores: desde microempresas de 8-10 empleados a multinacionales con miles de ellos.

En bastantes ocasiones, al conocernos, los responsables con los que hablo me dicen que su sector es diferente (a los otros) y que su empresa también lo es respecto a las demás del sector.

Ahí me suele dar un poco la risa. Por dentro, claro. Cuando me dicen eso, mientras asiento con la cabeza, se dispara automáticamente un comentario interior: otra más. Igual que las otras. Nunca son tan distintas, al contrario, se parecen mucho.

 

El origen de los problemas

A partir de mi experiencia como consultor, puedo decir que la inmensa mayoría de los problemas que sufren las empresas (al menos en su origen) son, por una parte, problemas de comunicación y, por otra de organización.

Porque acabas dándote cuenta que las situaciones y los protagonistas se repiten una y otra vez:

Alguien que no ha preguntado (por verguenza, temor a que le señalen, etc) y ha hecho algo mal, que muchas veces quiere ocultar (agravando el problema). Alguien ha entendido mal las instrucciones que le ha dado su jefe, demasiado distraído con otros problemas y que ha dado una pobre explicación.

Alguien está temeroso de asumir cambios de procedimientos obsoletos o desfasados, y no lo reconoce, por temor a que lo nuevo pueda con él y con su estatus en la fábrica. Uno que está ocupando un puesto de cierta responsabilidad, pero sin calidad, porque es el hijo de la hermana del dueño.

Personas que no tienen claro lo que desea conseguir la empresa como organización, por lo que se limitan a maximizar el resultado de su área o de su beneficio personal… Podríamos seguir y seguro que cualquiera de los lectores podría añadir a la lista.

Pero si se fijan, todos los casos anteriores son problemas de falta o mala comunicación o carencias a nivel de organización. Curiosamente, cosas que normalmente no se enseñan en nuestras escuelas y universidades.

 

Cinco

Porque te das cuenta que cuando las empresas tienen…

1) Un objetivo común: claro y compartido por todos

2) A personas adecuadas/preparadas en cada puesto: no las más fieles, las más guapas, las más listas…. sino las que tienen las cualidades más apropiadas para desempeñar ese puesto (conocimientos, habilidades, actitud y, sí, también aspecto, en ciertos casos)

3) Personas que tienen claras sus tareas: lo que tienen y lo que no tienen que hacer (lo que llamo las reglas del juego)

4) Sencillos y fluidos canales de comunicación: hacia arriba y hacia abajo (de jefes a empleados y en sentido contrario), hacia los lados (hacia otros compañeros y departamentos) y, además, recibiendo «feedback» continuado y honesto sobre el nivel de ejecución

5) En cada puesto, trabajadores con un nivel de autoridad equilibrado y coherente con su nivel de responsabilidad

…entonces, somos más eficaces y trabajamos de forma mucho más eficaz y eficiente.

Eficaz porque logramos con más facilidad lo que nos proponemos y eficiente porque lo conseguimos destinando menos recursos: tiempo, dinero, esfuerzo. Y, por lo tanto, de forma más rentable.

 

Más 3

Si a esto añadimos las 3 reglas básicas de la convivencia, entonces podemos tropezarnos, fácilmente, con esas empresas que se ponen como ejemplo en las distintas épocas en las que todo el mundo querría trabajar: IBM de los 60, HP de los 70, o la Google de principios de este siglo…

¿Cuáles son esas 3 reglas básicas? (vía Thomas Friedman)

Respeto a los demás: que empieza con el respeto a uno mismo, que a su vez empieza con la aceptación de lo que somos, de quienes somos

Igualdad para todos: no solo en los derechos sino también en las obligaciones (lamentablemente es habitual comprobar que algunos se sienten «más iguales» que otros, de forma que exigen al 100% sus derechos pero no se sienten igual de exigidos en sus obligaciones)

Tolerancia hacia los otros: no todos tenemos por qué ser iguales…ni falta que hace, porque el progreso y la riqueza surgen de la mezcla y la combinación.

Si aplicas esta regla del 5 + 3 no seré tan estúpido de garantizarte el éxito, porque depende de muchos otros factores (en particular de unos llamados mercado-demanda, modelo de negocio y competencia) pero sí que es muy probable que tu empresa hará mejor lo que sea que a lo que se dedique, y además va a disfrutar de un gran ambiente de trabajo.