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Nuestras pymes no están innovando. Apenas lo están haciendo. Por supuesto hay excepciones.

Algo más están haciéndolo los emprendedores «forzosos» (y a mucha honra) que se han visto expulsados del mercado laboral y se han dado cuenta de que no tienen muchas posibilidades si no es haciendo algo diferente y de más valor.

Y bastante más innovan los emprendedores por vocación, aunque son mucho menos numerosos por la falta de cultura emprendedora de nuestro país.

Lamentablemente esta es la situación, aun cuando todo el mundo (políticos, empresarios, ciudadanos) parece estar de acuerdo en la necesidad individual y colectiva de innovar, de centrarse y ser muy buenos en algo para sobrevivir.

 

¿Por qué sucede esto?

Mi hipótesis, experimental (o sea, derivada del trabajo de campo diario), es la siguiente: esto está ocurriendo porque las pymes están exhaustas.

1) Porque los sucesivos ERE’s y reducciones de personal las han dejado con apenas personas suficientes para seguir ofreciendo lo mismo que hacían antes, pero probablemente un poco peor y seguro que con mucho más esfuerzo de los que quedan. No hay personas.

No hay personas para acometer proyectos de cambio, para asumir nuevas responsabilidades, quizá distintas de las que supone el negocio tradicional.

2) Derivado de lo anterior: porque los cuatro gatos que quedan se dedican a hacer, más rápido y con más intensidad, lo que ya venían haciendo, para ver si consiguen, no ya aumentar, sino mantener los ingresos.

Y esto es como si exprimiéramos con más fuerza un limón que ya está estrujado o giráramos más rápido el bote de pimienta para ver si cae algo más cuando ya no queda. Hacen más de lo mismo. Más rápido, con mayor urgencia. ¡No tienen tiempo!

No tienen tiempo para pararse, aunque sea mínimamente a reflexionar sobre qué nueva dirección tomar, qué proyectos emprender, en qué áreas.

3) Porque la brutal reducción del mercado (por la crisis), el corte radical de la financiación bancaria (tremenda irresponsabilidad) y el aumento de impagados y morosidad (penosa en particular la de las administraciones públicas) las han dejado sin recursos financieros. No hay dinero.

No hay dinero para acometer ningún nuevo proyecto y, menos, si no se asegura una certidumbre total en el resultado. Lo siento, pero innovar implica inexcusablemente asumir riesgos e incertidumbre. Y, además, no usar solo una bala porque es muy probable que con una no acertemos en el blanco.

 

Y ahora es el momento

Sin embargo es ahora el momento, para muchas de esas empresas, de reinventarse. De crear y experimentar nuevos negocios. No ya como oportunidad (hace poco aún hablábamos de desarrollar nuevos negocios como oportunidad), sino como necesidad. Para muchos es ahora o nunca.

¿O es que acaso no saben lo que tienen que hacer?

Es decir, ¿son incompetentes inconscientes? ¿no saben «lo que no saben», que tienen que innovar, que centrarse, que diferenciarse?

¿O si lo saben? En este caso serían incompetentes conscientes.

Me inclino en una mayoría por esta segunda opción: saben que no están haciendo lo que deberían. Aunque es muy penoso reconocer que ejemplos de la primera también hay.

Lo saben… pero no tienen tiempo para hacerlo (ni dinero, ni gente). Porque están en cuadro. Porque en muchos casos quienes las dirigen son personas agotadas mentalmente. Y decepcionadas… con el sistema.

Que son incapaces de liberarse de la prisión mental del modelo de negocio tradicional. Lo que les impide soltar amarras e iniciar el viaje a un nuevo destino.

Falta de energía o de ganas para hacerlo.

La paradoja del morir de éxito con el negocio tradicional…pero sin haber llegado a tener éxito de los de verdad en el 99% de los casos.

Por esto, muchas pymes han caído y seguirán cayendo. Exhaustas y perplejas por lo que les está ocurriendo. Pymes en estado catatónico.