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…entonces conviértete en alguien imprescindible para tu empresa. En un “eje” según Seth Godin.

Pero no imprescindible en sentido negativo: tus jefes querrían prescindir de ti pero no pueden porque están de alguna manera atados a ti. Algo parecido a los 18 meses de permanencia en las operadoras telefónicas o los puntos de vuelo de las compañías aéreas, o etc. Esta es la fidelización “chunga”.

No se trata de eso, se trata de tener la fidelidad de tu contratador porque le aportas un valor increíble, muy superior al coste que generas (sea grande o pequeña tu nómina). Porque si tú no estuvieras no sabría qué hacer para encontrar alguien tan bueno como tú. Estas es la fidelidad buena. Exacto, como el colesterol: el bueno y el malo. La dependencia buena y la mala…

Un eje es algo que mantiene la estabilidad y la dinámica de un conjunto, como el eje de la dirección de un coche: puedes tener el mejor motor y la tapicería más molona, pero sin el eje de la dirección no irás muy lejos.

Cross-as-Linchpin

¿Qué caracteriza a un eje según Seth Godin? O lo que es lo mismo ¿qué te hace imprescindible en tu trabajo?

Uno, dos y tres

Primero tener un talento único y tener la suerte de estar utilizándolo.

Hoy no es suficiente ser bastante habilidoso y tener buenos conocimientos en algo porque en un mundo hiperconectado hay mucha gente buena en ese algo. Hay que tener el “superpoder” especial, ser únicos, los mejores del mundo en eso, como los superhéroes.

Y que “eso” (llámalo habilidad de negociación, olfato comercial, capacidad analítica, sentido estético, etc) sea además útil para la empresa en la que trabajas.

También ayudará tener un conocimiento en profundidad del terreno en el que te mueves: tu sector, los clientes, los proveedores, los competidores… Y si no lo tienes porque acabas de aterrizar no esperes a adquirirlo por ósmosis ¡Muévete!

Además deberías tener buenas habilidades de comunicación con todas las personas de tu organización y fuera de ella: también con proveedores, clientes, instituciones… Aportarles a todos ellos una interfaz única, diferente, creativa, increíble…

Cuatro, cinco y seis

Ofrecer creatividad a raudales. Mejor hablar (con inteligencia), que callar. O sea, lo contrario de lo que nos han enseñado durante siglos. Para ello: saber arriesgarse al rechazo y no venirse abajo si se produce.

Tienes que saber gestionar situaciones de alta complejidad, donde no hay manual que valga, donde debes trazar tu solito el mapa. Por ejemplo, cuando nuestro mejor cliente ha tenido el tercer problema con el mismo pedido y está amenazándonos con pasarse a la competencia.

Tener habilidad para dirigir clientes: porque los consumidores buscan, en muchos casos, una conexión con sus proveedores, gente a la que seguir y en la que confiar. A mí me pasa con la informática: busco, ya casi en modo desesperado, alguien en quien confiar, que me solucione necesidades y problemas de software y hardware de forma rápida, cómoda y sobre todo fiable. Y no hay manera.

Debes tener capacidad para inspirar a tus compañeros. ¿Para qué? Sencillamente para hacer que las cosas ocurran.

Seguro que J.F Kennedy tuvo que ser muy inspirador para hacer que sus mejores científicos asumieran hace 60 años el reto de llevar a un hombre a la luna con un ordenador menos potente que el smartphone que tienes en el bolsillo o desde el que estás leyendo esto.

Lo mismo va a tener que hacer el próximo gobierno con todo un país, para que se ponga en marcha y se deje de lamentar y relamer las heridas…

…y sobre todo

Humildad para aceptar y reconocer cuando las cosas no salgan como queríamos. Que ocurrirá no una sino muchas veces.

Si os habéis fijado, la mayor parte de los aspectos mencionados se refieren a habilidades y actitudes más que a conocimientos. Esto me vuelve a confirmar la percepción de que para prepararnos para un futuro que ya está aquí, es mucho más crítico trabajar nuestras habilidades y una actitud adecuada, que los conocimientos.

Estos, siendo importantes y necesarios, serán solo un «factor mínimo de éxito»: es decir habrá que tenerlos por narices y además irlos reciclando de forma permanente o de lo contrario estaremos simplemente fuera del mercado.

¿Merece la pena arriesgarse?

Pienso que merece la pena no esconderse e intentar ser un eje en nuestro trabajo. Primero porque será muy, muy difícil que te echen si la empresa no va fatal. Y sea este el caso o no, porque haberse atrevido a intentarlo y haberlo vivido con intensidad ya será un premio. Personal, claro.

gapingboy