2 minutos

Los ejércitos modernos, están abandonando el tradicional modelo de toma de decisiones de «ordeno-y-mando», y lo están sustituyendo por un proceso de dirección de las misiones  centrado en el QUÉ (hacer) y el POR QUÉ (hacer) de la misión, dejando que los subordinados tomen la iniciativa sobre el CÓMO conseguirlo.

Esto es lo que nos explica Kevin Roberts en un  post de su blog.

En el mundo de la empresa este cambio también se ha introducido en los últimos años, e incluso ha merecido un nuevo término anglosajón prácticamente intraducible: «empowerment«.

Tomar decisiones en tiempos modernos, esto es, palabrería aparte: capacitar y motivar a los empleados a tomar sus propias decisiones, formando equipos efectivos y asumiendo plena responsabilidad sobre sus decisiones y acciones.

 

¿Por qué está ocurriendo?

1) Porque hoy en muchas ocasiones disponemos de muy poco tiempo para tomar las decisiones. Y los que están sobre el terreno poseen una combinación imbatible: el mejor conocimiento (relativo) de la situación, en el menor tiempo posible.

2) Porque capacitar a los empleados para que tomen sus decisiones (partimos de la base de que ya cuentan con las adecuadas habilidades y conocimientos), es una de las mejores formas de motivarles:

Ven que se confía en ellos y sienten que forman parte de una organización que cuenta con ellos y que «se mueve», en parte, siguiendo sus indicaciones, su voluntad y criterio.

 

¿Es esto una moda?

No lo creo, porque la velocidad (por tanto la falta de tiempo) y la incertidumbre van a más, no a menos. Y esto reclama una muy ágil toma de decisiones. Algo que solo va a ocurrir si el front-line, la primera línea de la empresa (recepcionistas, puestos de atención al cliente, servicios técnicos, etc), puede tomar muchas decisiones tácticas.

Pensemos por ejemplo en la presencia digital de las empresas: su canal de comunicación ha pasado de ser un «estrecho» altavoz unidireccional que salía de su departamento de marketing o relaciones públicas a ser un escaparate multiplataforma, de banda ancha, bidireccional, que no puede controlar una sola persona o departamento: blogs de empleados, web, twitter, facebook, pinterest…

Una buena gestión de esta toma de decisiones descentralizada, por supuesto, está muy relacionada con tener a «la gente adecuada subida al autobús y sentada en los asientos adecuados», como planteábamos en un post anterior, porque si no, el empowerment se puede convertir en «cómo conseguir desaparecer en el menor tiempo posible, porque lo que hacen mis manos y mis pies no tiene nada que ver con lo que piensa mi cabeza».

¿Están las empresas preparadas para esto? Me temo que la mayoría no, porque ni se han preocupado de tener a la gente adecuada en el autobús, ni se ha preparado a las personas para este cambio. Y es posible que aún menos preparados están los que las dirigen, los conductores.

¿Qué pensáis vosotros?