2 minutos

Estoy convencido de que gran parte de los problemas que nos han llevado a la última gran crisis han tenido un origen ético. O más bien de falta de ética, de ausencia de un comportamiento adecuado por parte de muchas personas: políticos, banqueros, constructores, etc.

Y creo que eso ha sido así porque no han considerado o no han querido ver a los demás de la forma que tendrían que haberlo hecho: con RESPETO.

 

Cómo tratas a los demás en los negocios

Gary Hamel, experto en estrategia empresarial, fue durante bastantes años profesor en el MBA de la London Business School, y en la sesión final de sus clases acostumbraba a dar a sus alumnos algún consejo. Uno muy celebrado es el siguiente.

Les decía algo así:

«Cuando consigáis vuestro primer trabajo después del máster, tenéis que pensar y dar por sentado todos los días lo siguiente:

1) Vuestra madre viuda es la única accionista de la empresa en la que trabajáis y ha invertido todos sus ahorros en ella. Por lo tanto, no cambiaréis nunca el resultado a largo plazo por el beneficio a corto plazo.

2) Tu jefe es tu hermano mayor, por ello, siempre te mostrarás respetuoso con él, le darás consejo sincero cuando lo consideres oportuno y nunca le harás la pelota.

3) Tus empleados son tus amigos de la infancia, por lo que siempre tendrán el beneficio de la duda, allanarás todo lo posible su camino y les recordarás que la amistad es una relación recíproca.

4) Tus clientes son tus hijos, siempre les intentarás sorprender y deleitar, y nunca te aprovecharás, ni dejarás que nadie se aproveche de ellos.

5) Tú mismo eres inmensamente rico, trabajas porque quieres, por lo que nunca sacrificarás tu dignidad e integridad, y, por tanto, no harás lo que crees que no debes hacer»

Estoy seguro de que si los banqueros, políticos y empresarios corruptos hubieran pensado de esta forma todos los días de sus malditas vidas, no habríamos llegado hasta donde hemos llegado.

Si estas personas no hubiesen sido tan egoístas y no hubieran pensado que los demás somos inferiores o, directamente, desprovistos de humanidad, como piedras o mobiliario. Si solo hubieran pensado que somos tan humanos como sus parientes y amigos más próximos y queridos, las cosas nos irían ahora, sin duda, mucho mejor a todos, y quién sabe cuánto más arriba y mejor estaríamos.

Una lástima.

De todas formas un gran consejo de Mr. Hamel.
Y me alegro, porque sé que este post ya ha servido a alguien, incluso antes de su publicación 😉