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Aprovecho una entrada que tiene Google en su página corporativa (10 cosas que sabemos que son ciertas), para proponer un decálogo de 10 cosas que sé, por experiencia, que no son ciertas sobre la innovación, o dicho de otra manera, no son innovación.

 

1. La innovación NO es solo tecnológica

No, no es solo tecnológica, por mucho que les resulte más fácil de controlar y contabilizar ese tipo de innovación a las instituciones y organismos que gestionen sus ayudas (podríamos hablar perfectamente de miopía en innovación).

Vamos con algunos ejemplos ilustrativos de grandes innovaciones no tecnológicas:

Una rotonda no es una innovación tecnológica, como no lo es tampoco el contenedor metálico que utilizan los buques mercantes. No lo es Facebook, aunque tenga como soporte una plataforma web en Internet. No lo fue el Chupa-chups, ni la fregona, innovaciones hispanas.

Podríamos seguir indefinidamente…

En serio, hay muchas más innovaciones no tecnológicas que tecnológicas. Y no hay que confundir el que se aprovechen para innovar las tecnologías disponibles, como Internet o los smartphones, con estar haciendo directamente innovación tecnológica.

 

2. La innovación NO es solo de producto

El producto es lo más tangible, pero la innovación se da en muchísimos ámbitos: servicio, procesos (de fabricación, de asistencia técnica, de marketing, comercial, etc), organización, modelo de negocio.

Las cafeterías Starbucks son innovadoras por la experiencia que ofrecen a sus usuarios, no por el café o la comida que venden.

Ikea es una innovación en modelo de negocio, porque cambia muchas piezas del puzzle que conforma el negocio de los muebles de hogar: producto de diseño nórdico a buen precio, clientes que montan los muebles que compran, tienda con un recorrido fijo, etc.

La cadena de montaje móvil que popularizó la automovilística Ford en los primeros años del siglo XX es una innovación de organización. Como lo fue la creación de la Cruz Roja en el siglo XIX, tras la batalla de Solferino (1859) entre austriacos, franceses y piamonteses, para evitar dejar a los heridos desangrándose en el campo de batalla, con la ayuda de un ejército de voluntarios.

Creación de la Cruz Roja

3. La innovación NO es solo para grandes empresas

Es un mito, no me extrañaría que inventado por ellas mismas o por pequeñas empresas con ganas de justificarse, el que solo las grandes empresas tienen capacidad para innovar.

Al contrario, muchas veces las grandes empresas se han hecho tan inmensas y burocráticas, que les resulta mucho más rápido y económico comprar startups y otras compañías que están innovando en aquella áreas que les interesan, que tratar de hacerlo internamente.

Como muestra, se puede repasar la lista de compras de empresas innovadoras realizadas por compañías como Google (desde YouTube y Mototola a Nest o Waze) o Facebook (desde Whatsapp a Instagram).

Las empresas más pequeñas gozan de una agilidad y flexibilidad que facilitan enormemente el enfoque y la actitud que favorece la innovación, como: reorientarse y redigirirse rápidamente en función de los cambios del entorno, probar las nuevas creaciones en el mercado y aprender pronto y por canales bastante directos lo que sucede, sea bueno o malo; tomar nuevas decisiones, a partir de lo aprendido, casi inmediatamente…

4. La innovación NO es una persona (o un departamento)

Cuando en una empresa nombran a una persona como responsable de innovación, habitualmente se trata de un «buscayudas», porque en la mayoría de casos se dedica a buscar ayudas que puedan encajar y aprovechar los proyectos que tiene en marcha la compañía y que, por supuesto, no tienen por qué ser innovadores aunque «vamos a ver si cuela».

Lo mismo se puede decir de un departamento: no puede ser un departamento innovador y el resto de la empresa no serlo. Una empresa es innovadora toda ella – al menos una mayoría – o no lo es, porque la innovación requiere de muchas personas de distintas áreas y niveles de la empresa colaborando, tanto a la hora de generar ideas como a la hora de ponerlas en marcha, mediante proyectos.

Es más una cuestión cultural que operativa.

 

5. La innovación NO es hacer algo nuevo en nuestra empresa

Otra falacia habitual: decir que estamos innovando porque estamos haciendo algo nuevo en NUESTRA empresa. ¿De verdad que si no teníamos hasta ahora página web en la empresa y lanzamos una estamos siendo innovadores?

La innovación es crear algo nuevo en TODO tu sector (y, ADEMÁS, a nivel internacional, porque si ya existe en otros países, lo que estás haciendo es «importar innovación»), que aporta un valor superior a los usuarios.

Y si es nuevo, pero no aporta un valor superior a las alternativas actuales, entonces no va a funcionar y, por tanto, no va a ser innovación. Se va a quedar en invento, como el coche con alas o las Google Glass (hasta el momento).

 

6. La innovación NO es inspiración

En la innovación no funcionan las musas, ni el papel en blanco, pero sí funciona el trabajo persistente y honesto.

Trabajo continuado, extendido (en el sentido de compartido con muchas personas) y con método, sabiendo lo que hacemos y hacia dónde queremos dirigirnos. Y sobre todo, centrado en el usuario, en preguntar por qué hace lo que hace y observar cómo lo hace.

Ya lo decía Thomas A. Edison, inventor de la bombilla, el fonógrafo y mil inventos más (se dice que durante su vida adulta hacía un invento cada 15 días): «el genio es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración (sudor)».

 

7. La innovación NO es cara

Esta es otra de la excusas habituales de las empresas pequeñas, que asumen que innovar es crear un robot dotado de inteligencia artificial y capacidad de procesamiento similar a la del ordenador Watson de IBM.

Podemos visualizar fácilmente ese pensamiento: un ejército de caros ingenieros con batas blancas, pululando por los pasillos e instalaciones de enormes fábricas impolutas y asépticas, repletas de ordenadores y equipos de tecnología punta llenos de lucecitas y pantallas que producen un levísimo rumor de estar trabajando a una increible velocidad… Algo que tiene aspecto de ser increíblemente caro e inaccesible para la pyme común.

Es este un tipo de innovación que se ha idealizado, supongo que gracias a las películas de James Bond, Misión Imposible y otras similares.

Sin embargo, innovar es crear una aplicación relativamente sencilla que te permite llamar a un taxi que conduce un particular, pedir un presupuesto, seguir su aproximación y pagarle mediante el móvil (Uber). Es reinventar la nevera de camping para el siglo XXI (Coolest Cooler), aprovechando para su financiación una plataforma innovadora de microfinanciación como Kickstarter.

O desarrollar una red social de vídeos de deporte, en la que los aficionados a los deportes de riesgo suben sus propios videos, grabados en primera persona, para compartirlos, además de seguir lo que hacen otros amigos y aficionados a esos mismos deportes (ProAddicts).

Se puede (y se debe) innovar sin ayudas, aunque está bien aprovecharlas si las hay.

Pero no tiene por qué ser caro, igual que hoy entendemos perfectamente que trabajar con calidad tampoco tiene que serlo: se trata, sencillamente, de hacer las cosas bien a la primera.

 

8. La innovación NO es sólo para personas creativas

La innovación es para todo el mundo, porque todos somos creativos. La creatividad es como un músculo, todos lo tenemos pero puede estar más o menos desarrollado, más o menos atrofiado, según lo que lo utilicemos.

Cuando éramos niños todos éramos creativos. Qué ha sucedido luego habrá que preguntárselo al sistema educativo.

La innovación, ya hemos dicho, es un trabajo de equipos, de grupos de personas colaborando, no de individuos o élites. No es (solo) para ingenieros ni para los que pone en su tarjeta «creativo».

 

9. La innovación NO es incremental

La innovación es crear algo nuevo o no es innovación. Cuando no creamos algo nuevo hablamos de otra cosa que se llama mejora.

A veces pienso que se ha inventado el término de «innovación incremental» para justificar la ausencia de verdaderas innovaciones por parte de aquellos que se declaran los más innovadores del lugar.

Por experiencia, cuando perseguimos lo nuevo, sin duda, tenemos muchas más posibilidades de crear y hacer innovaciones. Porque no nos conformamos con lo primero que aparece, porque somos más exigentes.

Cuando nos conformamos con trabajar y evolucionar lo que tenemos, nos quedamos ahí, en la mejora. Qué también es fundamental , pero que no debemos confundir con innovación.

De hecho, las mejores empresas que conozco, en cuanto innovan, se ocupan al minuto siguiente de mejorar ellos mismos esa innovación, antes de que lo hagan sus competidores, lo que les permite estar siempre por delante.

 

10. La innovación NO es un fin en si misma

La innovación, para que sea efectiva, debe estar al servicio de la estrategia de la empresa, que es lo que ésta ha decidido que quiere hacer en el futuro próximo para conseguir sus objetivos. No al revés.

Si innovamos como un fin en si mismo, puede ocurrir perfectamente que estemos innovando para nuestros competidores: desarrollando innovaciones que pueden no ser las más interesantes estratégicamente para nosotros a largo plazo (no nos llevarán a donde queremos), o para las que no tendremos capacidades adecuadas a la hora de desarrollarlas y explotarlas…

En esos casos, estaremos regalando ideas a competidores que pueden estar más cualificados para aprovecharlas que nosotros. Algo que, sin duda, no nos va a dejar en buen lugar.

Aquí termino. Lo dejo en un decálogo porque es una bonita cifra redonda, pero seguro que si nos pusiéramos a ello, encontraríamos algunas cosas más que sabemos que NO son ciertas acerca de la innovación.

Si quieres compartir alguna otra que tú sabes que no es cierta, eres bienvenido, pero, sobre todo, no te dejes amilanar por estos tópicos y excusas que giran alrededor de ella.

¡Te deseo un feliz e innovador año!